Desastre económico: el aumento previsto de peajes y la dura realidad

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Un artículo de opinión de Gunnar Gburek, Head of Business Affairs, TIMOCOM GmbH

Los efectos perjudiciales por el incremento previsto de los peajes no se deben ignorar como si no pasara nada. 

La subida de los peajes en Alemania programada para el 1 de diciembre de 2023 es más que una mera carga financiera: se trata de una pesadilla económica para la columna vertebral de nuestro abastecimiento y la economía: el transporte de mercancías por carretera. 

A finales de 2023, para todos los camiones con una masa máxima técnica autorizada superior a 7,5 toneladas se aplicará, aparte del peaje actual, un recargo por las emisiones de CO². Y en 2024, se espera extender estos peajes mayores a otras clases de transporte. Aparte del sector del transporte, estas medidas también perjudicarán a la industria, el comercio y los consumidores. Hay mucho más en juego que solo la cuestión de los costes: ¡se trata de conservar y aumentar la competitividad de la economía alemana!

Un círculo vicioso de costes adicionales

El llamado peaje del CO² previsto no es más que un aumento fiscal en la sombra, con motivos políticos, cuyos supuestos argumentos fácticos no tienen nada que ver con la realidad. Mediante la introducción de un peaje al CO², tal como se espera para el 1 de diciembre de 2023, los peajes para camiones casi se duplicarán. Un reto casi insalvable para el sector de la logística que ya ha hace todo lo posible para lidiar con los mayores costes de manera eficiente. La creciente presión sobre las empresas de transporte para compensar una parte de estos mayores costes reduciendo su propio margen de beneficios con el fin de seguir siendo competitivas es sencillamente inaceptable. Esta forma de actuar supone un enorme lastre para muchas empresas. Hoy día, el sector del transporte ya opera con márgenes escasísimos. Un nuevo detrimento del margen de beneficio significa para las empresas que, sí o sí, dispondrán de menos medios financieros, por ejemplo, para tecnologías vanguardistas necesarias ya. Las inversiones en soluciones de transporte de bajas emisiones, como los camiones eléctricos y métodos alternativos de propulsión, quedarán bloqueadas. Y los esfuerzos que están realizando las empresas de transporte por introducir prácticas más sostenibles se verán torpedeados sin miramientos, en vez de recibir apoyo.

Pero aún hay mucho más. Otras, sobre todo pymes del ámbito del transporte, se quedarán incluso en números rojos con esta mayor carga y, a la larga, no tendrán la más mínima oportunidad de sobrevivir en el mercado. Las consecuencias son drásticas, pues se encuentran en una situación muy precaria, tendrán que pagar más y, si no lo tienen claro, se verán abocadas a tirar la toalla. Un círculo vicioso que se agravará más por el aumento previsto de los peajes; y la situación ya tensionada empeorará de nuevo sin ninguna consideración por las pérdidas.

El aumento previsto de los peajes falla como instrumento de control 

Los mayores peajes siguen recibiendo elogios como instrumento de control para fomentar un transporte más ecológico. Pero la cruda realidad muestra una imagen más sombría: el efecto de control esperado no se materializará, y por razones sólidas. La infraestructura necesaria para tecnologías de propulsión alternativas simplemente no es suficiente ni está disponible de manera generalizada. Además, para finales de 2023 y también en 2024, el mercado no podrá ofrecer una cantidad significativa de estos vehículos. Con tales medidas, la perspectiva de una futura logística "verde" queda en entredicho. El aumento previsto de los peajes no brinda ningún tipo de utilidad para el clima: en su lugar, causará un inmenso perjuicio económico y social.

Una medida irresponsable con consecuencias de gran alcance

En todo caso, la mayor parte de los costes por peaje no serán soportados solo por el sector de la logística y las empresas productoras, sino que se trasladarán obligatoriamente a todos los estamentos de consumidores (finales). Se corre así el riesgo de un encarecimiento generalizado de los productos y servicios cuando estos costes adicionales lleguen, en última instancia, a toda la población. Otro factor de carestía con la inflación actual.

Hay que buscar soluciones alternativas que protejan el medio ambiente, pero que no perjudiquen a la economía, la industria y la sociedad con consecuencias de tal envergadura. En juego están la competitividad y la viabilidad de la economía alemana, así como la calidad de vida de todas las personas involucradas.

Es hora de aceptar la realidad: los transportes en camión son la columna vertebral de nuestra economía y sociedad. Y por dejarlo claro una vez más: hoy día, ningún camión se pone en marcha sin un motivo justificado. Tras cada ruta, hay un transporte que mantiene en vida nuestra economía, asegura nuestro bienestar y abastece de todos los bienes necesarios a la sociedad. Los mayores peajes no conseguirán cambios en el reparto modal. La infraestructura de los modos de transporte alternativos, como el ferroviario o fluvial, no está preparada aún. Las mercancías tendrán que seguir viajando por carretera. Y ahora también con mayores costes.

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